Más pruebas contra la epidemia del autismo

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Una creencia básica, que todos los movimientos, maliciosamente concebidos, contra las vacunas en Norteamérica sostienen, es que los diagnósticos de autismo se han convertido en una epidemia. Entre los casos reales, este aumento imaginado es «el punto de inflexión inicial en el camino del debate acerca del autismo», que afecta a la comprensión general del autismo. Pero, ¿es real este incremento o está relacionado en cómo se diagnostican los trastornos del espectro autista?

Los nuevos datos datos procedentes de California sugieren lo segundo. El número de alumnos con autismo que asisten a educación especial en el Estado Dorado se ha triplicado desde 2002, ya que el índice incrementó del 2,6 al 8,8 por ciento, aunque la matriculación en las clases de educación especial en general ha seguido siendo igual, según un análisis de datos educativos estatales.

Más de 680.000 estudiantes —el 11 por ciento de todos los alumnos de escuelas públicas de California— están matriculados en educación especial. El número de alumnos diagnosticados con autismo aumentó de 17.508 a 59.690 en 2010, según la Lucile Packard Foundation for Children’s Health (Fundación Lucile Packard para la Salud de los Niños).

Mientras tanto, el índice de diagnósticos de dificultades de aprendizaje disminuyó en un periodo de ocho años del 52,4 al 42,3 por ciento. Los alumnos afectados por trastornos del lenguaje representan un cuarto de los alumnos de educación especial en California.

Es fundamental que las afirmaciones sobre la epidemia del autismo tengan sentido en lo que respecta a toda evaluación crítica contra las vacunas. Un primer paso positivo es aprender la diferencia entre frecuencia e incidencia. El doctor James Coplan, pediatra especializado en desarrollo infantil, compara la frecuencia y la incidencia con el contador y el velocímetro de un coche.

La frecuencia es un porcentaje, o el porcentaje del depósito que contiene la gasolina o el porcentaje de niños con trastornos del espectro autista (TEA). Sin duda, la frecuencia del diagnóstico de TEA entre niños ha aumentado durante la última década (aunque incluso la afirmación de «explosión» de personas con TEA —en oposición a las personas con un diagnóstico de TEA— resulte ser falsa, pero eso lo abordaremos más adelante).

La incidencia es un índice, la velocidad en kilómetros por hora o, en el caso de los TEA, el índice de nuevos casos de TEA que se producen. Una epidemia se define como un aumento repentino en la incidencia. No hay pruebas que respalden la afirmación de que se ha producido un cambio en la incidencia. Y hasta que alguien descubra cómo estar en la sala de partos y contar los futuros bebés con autismo en el momento del nacimiento, no es posible que tengamos esas pruebas.

Los activistas en contra de las vacunas cuando ignoran estas diferencias inducen a engaño a padres y periodistas. La organización Jenny McCarthy’s Generation Rescue, se podría decir que es el grupo de interés contra las vacunas mejor fundado y con más influencia en los Estados Unidos, publicó un anuncio a toda página en el periódico USA Today hace dos años en el que afirmaba que entre 1983 y 2008 «el índice de autismo» había aumentado de 1:10.000 a 1:150. El anuncio comparaba el supuesto aumento en los diagnósticos con un incremento en el número de enfermedades de las que ahora están protegidos los niños, en comparación con hace 25 años, con el fin de implicar causalidad. «Es increíble que Jenny McCarthy y Jim Carrey y la organización Generation Rescue hayan publicado este anuncio para informarnos de algo que los que pertenecemos a la comunidad del autismo ya sabíamos desde hace algún tiempo… que la causa del autismo SON las vacunas», así expresaba un detractor de las vacunas el elemento central del mito epidémico respecto al movimiento contra las vacunas.

Los periodistas y los articulistas siguen mordiendo el anzuelo. En su reciente columna titulada Autism epidemic linked to red herring consumption (Epidemia del autismo relacionada con el consumo de arenque rojo), Bob Herrara en NorthJersey.com escribió:

¿Han escuchado las noticias? Por fin han encontrado una causa para el aumento exorbitado de casos de autismo en niños.

La razón de que tantos niños sean diagnosticados con autismo es…

No, no han escuchado las noticias. Todavía no ha pasado.

Con todo, yo, como millones de padres con niños con autismo, hemos esperado años para que la ciencia moderna explicara por qué los índices de los casos de autismo han aumentado de 1 por cada 10.000 niños en las dos últimas décadas a 1 por cada 100 niños en la actualidad, todavía no hay respuesta.

En realidad, el índice 1:10.000 no tiene ninguna base. Uno de los primeros estudios epidemiológicos sobre autismo lo hizo Lotter en 1966, que halló 4,5 niños por cada 10.000 con Síndrome de Kanner, que se define como “una profunda falta de contacto afectivo con comportamiento repetitivo y ritual, que debe ser de tipo elaborado.” Pero Herrara y otros estenógrafos de la organización Generation Rescue siguen repitiendo la cifra de 1 por cada 10.000.

Los padres y los periodistas no son los únicos que se dejan engañar por las matemáticas inexactas de McCarthy.

«El autismo es una epidemia que no podemos seguir ignorando» entonaba el delegado Tag Greason, del condado de R-Loudoun, en el Estado de Virginia, que propuso una ley que exigía una cobertura de seguro para el autismo infantil. Aunque apoyar a las familias con autismo representa un esfuerzo que vale la pena, no tiene nada de productivo llevar a engaño a los responsables de elaborar leyes y al público en lo que respecta a los trastornos del espectro autista.

El Congresista Dan Burton, (R-Indiana), cuya yijad contra las vacunas se remonta hasta hace una década, recientemente invocó el índice apócrifo del 1:10.000 en una carta al CDC :

Hace 20 años, el autismo se consideraba una enfermedad rara, que afectaba a uno de cada 10.000 niños. Ahora, el índice es de 1 cada 150, haciendo que el autismo sea más común que el cáncer infantil, la diabetes y el SIDA juntos.

¿Hace 20 años? No según Christopher Gillberg, et al. que realizaron un estudio de seguimiento de la frecuencia del autismo en Goteborg (Suecia) en la década de 1980. Concluyeron lo siguiente:

«Un estudio de la población total de niños de edad inferior o igual a 13 años indicaba que ha habido un aparente aumento en la frecuencia del trastorno autista y de las enfermedades relacionadas con el autismo (sin incluir el Síndrome de Asperger) en una región del oeste de Suecia durante los últimos diez años. La frecuencia era de 4,0:100.000 en 1980, 7,5:10.000 en 1984 y 11,6:10.000 en 1988 en la ciudad de Goteborg. Aun cuando el índice de frecuencia se refiere a cohortes de edad ligeramente diferentes, se concluyó que el aumento aparente se debe en parte a una mejor detección, aunque también a nuevos casos de padres inmigrantes.»

Gillberg trabajó con unos criterios mucho más restrictivos que los que aparecen en el último Diagnostic and Statistic Manual (Manual diagnóstico y estadístico), y todavía encontró un índice 11 veces superior al que afirmaba Burton.

Nada de esto indica que las pruebas contra una epidemia de autismo sean abrumadoras, solo que no hay datos fiables que señalen un aumento de la frecuencia, asimismo el incremento de la frecuencia tiene explicaciones más racionales que las que promueve la organización Jenny McCarthy’s Generation Rescue. «Las pruebas indican que la mayoría del aumento notificado, si no todo, en la incidencia y en la frecuencia se debe a los cambios en los criterios de diagnóstico y al aumento de la sensibilización y el reconocimiento de los trastornos del espectro autista», según la Dra. Lorna Wing, otra pionera en epidemiología del autismo, así lo escribió en 2002. «Todavía sigue siendo una cuestión abierta si se trata de un aumento real de la frecuencia o no».

Traducción al Español para Autismo Diario por María del Mar Monge Bustos del artículo de Autism News Beat


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