Yo no lloro por mi hijo

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Hoy me han mandado un vídeo, me lo ha mandado una de esas mujeres que hacen que el mundo sea un lugar mejor para vivir. Una de esas mujeres que acaban siendo pura energía, puro amor. Y en ese vídeo se explica por qué llora la madre de un niño especial. Yo no soy madre, soy padre, quizá ahí radique la diferencia, pero yo no lloro por mi hijo, ni creo que mi hijo sea más especial que cualquier otro niño del mundo pueda serlo para sus padres. Todos los niños son especiales ¡faltaría más! Y tampoco me gusta que cuando un niño tenga algún tipo de discapacidad tengamos que añadirles más etiquetas (¡cómo si no tuvieran ya bastantes!), por muy amorosas que sean, de niños especiales, angelitos, o cualquier otro adjetivo cariñoso, son niños ¿acaso no es suficiente?

Y en ese vídeo dicen que una madre realmente no llora por la discapacidad de su hijo, sino por las cosas que eso conlleva.

  • Llora por la discriminación a la que lo someten. Yo nunca lloro por eso, yo lucho siempre contra eso.
  • Llora por los procedimientos médicos. Yo nunca lloro por eso, los paso junto a él, siempre con fuerza.
  • Llora por la impotencia ante las crisis de conducta. Yo nunca lloré por eso, las aguanté, las superé, las resolví, las enfrenté y hoy ya son solo un vago recuerdo.
  • Llora cuando su hijo llora y no sabe qué le pasa porque su hijo no se sabe expresar. Yo jamás lloré por eso. Lo acompañé, lo calmé, y le enseñé a comunicarse.
  • Llora por una lucha constante con una sociedad que discrimina. Yo nunca lloro por eso, sencillamente informo, lucho, explico, donde sea, cuando sea y con quién sea.
  • Llora cuando su hijo no es aceptado por su propia familia. Yo jamás lloré por eso, expliqué las virtudes, los defectos, les presenté la verdad, les presenté a mi hijo, que también es su familia.
  • Llora porque no sabe que será de su hijo cuando falte. Yo jamás lloro por eso, sencillamente preparo a mi hijo para el mundo, y sobre todo, preparo al mundo para mi hijo.
  • No llora por la discapacidad, llora porque solo otras madres en igualdad de condiciones pueden entenderla. Yo nunca lloro por eso, me esfuerzo para que todos puedan entenderlo.

Jamás mi hijo me provocó otras lágrimas que no fueran las motivadas por la felicidad. Jamás permití que las lágrimas nublaran mi visión, hacerlo significaba fallar a quien más me necesitaba.

Yo no lloro por mi hijo, si él ha podido aguantar tanto, que es sólo un niño, ¿voy yo a estar llorando? No perderé su tiempo enjugando mis lágrimas, no dejaré que lágrimas que no sean de felicidad marquen mi rostro, y cuando me siento hundido y sin fuerzas, pues hago lo mismo que hace mi hijo, me aguanto y sigo adelante. Si él puede ¡yo también!

No lloren por sus hijos, no lloren por la discriminación, no lloren por la desesperación, no lloren por la impotencia, no lloren por la ignorancia, porque es la ignorancia de los otros lo que les hace llorar. Y la ignorancia no merece ni una de sus lágrimas.

Las emociones negativas oscurecen nuestro alma y nuestro espíritu y afectan también a quienes están junto a nosotros; A veces nos perdemos muchas alegrías porque esperamos llegar a un estado de plena felicidad que jamás llega. Disfruten de esas pequeñas dósis de alegría, ya que son las que al final conformarán su verdadera felicidad.


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